Ahora viene el verdadero desafío.
La aprobación de la Ley de Convivencia, Buen Trato y Bienestar —que será promulgada pronto— marca un hito relevante para el sistema educativo.Esta ley va a obligar a los colegios a contar con planes específicos de gestión de convivencia escolar, definir con mayor claridad el acoso escolar, crear consejos de estudiantes o comités de convivencia, implementar programas de bienestar socioemocional desde 3° básico a 3° medio y, algo clave, incorporar el bienestar y el clima laboral docente.
Es un avance necesario. Pero también plantea una pregunta de fondo: ¿cómo pasamos del cumplimiento normativo a un impacto real en la vida escolar?Como señala Romina Inostroza, Directora de Educación de BRAVE UP!, esta ley es tremendamente positiva porque “visibiliza la importancia de la convivencia escolar y la posiciona en un rol principal, y no secundario, como ha sido históricamente”. Además, pone el foco donde siempre debió estar: el bienestar y el buen trato de todos los miembros de la comunidad educativa.
Este nuevo marco no solo ordena y moderniza la normativa existente. También permite visibilizar prácticas que han dañado el clima escolar y que, muchas veces, han sido normalizadas o mantenidas en silencio.El gran valor de esta ley es el cambio de enfoque: pasar de una lógica históricamente reactiva a una mirada preventiva, integral y socioemocional, donde estudiantes, docentes y equipos educativos dejan de ser actores pasivos y pasan a ser protagonistas de la convivencia.
El desafío ahora es claro: que esta ley no se transforme en más burocracia, sino en mejores decisiones, más prevención y comunidades educativas más sanas.Ahí es donde se va a jugar su verdadero impacto.