Armar salones equilibrados no debería tomar meses: nuestra experiencia en Chile, Perú y México

Alvaro Carrasco

January 28, 2026

Hace un par de años, una directora de convivencia nos contó algo que se nos quedó grabado. Había pasado cinco semanas completas armando los cursos para el año siguiente. Cinco semanas entre planillas infinitas, correos de apoderados, conversaciones de pasillo sobre quiénes no podían estar juntos, y esa información clave que muchas veces solo vive en la cabeza de quien lleva años en el colegio.

Cuando por fin cerró todo y respiró aliviada, se dio cuenta: había olvidado considerar un caso importante. Tuvo que rehacer varios cursos de toda una generación.

Lo peor no fue el trabajo extra. Lo peor fue esa sensación tan conocida de “¿cómo se me pasó esto?”

Y no es un caso aislado. Lo hemos visto decenas de veces, especialmente cuando los colegios llegan al segundo semestre y se dan cuenta de que algunos grupos simplemente no funcionaron como esperaban.

El problema real no es la falta de criterio ni de información

Los equipos de los colegios saben perfectamente qué deben mirar al armar salones. Balance académico, casos de convivencia, dinámicas entre estudiantes, necesidades específicas de aprendizaje, solicitudes de las familias, y todas esas particularidades propias de la cultura de cada institución.

El problema no es qué mirar. El problema es cómo ordenar todo eso sin que se escape algo fundamental en el camino.

Cuando la información está dispersa (correos, post-its pegados en murallas, conversaciones informales, planillas que cada coordinador maneja a su manera, y la memoria de quien “se acuerda de todo”), el proceso se vuelve agotador. Y arriesgado.

Por qué desarrollamos esta función

En BRAVE UP! llevamos años trabajando con colegios en Latinoamérica, ayudándolos a ordenar información para tomar mejores decisiones. El armado de salones aparecía una y otra vez en las conversaciones, siempre con el mismo tono: “es un momento crítico del año donde sentimos que estamos haciendo malabares con todo el equipo”.

Una de nuestras herramientas centrales es el sociograma. Pero con el tiempo, muchos colegios comenzaron a pedirnos algo distinto: no solo levantar información por salón, sino mirar a toda una generación completa. Querían entender cómo se relacionan los estudiantes más allá de su sala actual y, a partir de eso, pensar la distribución para el siguiente ciclo.

Ahí nos dimos cuenta de algo importante: el problema no era la falta de datos, sino la dificultad para conectarlos y usarlos de forma ordenada.

Decidimos desarrollar una función específica para este proceso. No queríamos crear “otro software educativo más”, queríamos algo que realmente le sacara peso de encima a los equipos.

La clave: ordenar la información que el colegio ya tiene, según los criterios que el propio colegio ya utiliza. Sin imponer metodologías externas, sin complicar. Solo orden.

Cómo funciona

Cada colegio define sus propias variables según su realidad. Algunos priorizan el balance académico, otros ponen el foco en aspectos formativos, otros en necesidades de apoyo específico. No hay receta única porque cada comunidad educativa es distinta. Por eso escuchar cómo cada colegio enfrenta este proceso es fundamental para nosotros.

Luego viene un paso clave: levantar información directamente desde estudiantes y familias a través de formularios estructurados. Formularios breves (máximo tres minutos), con un uso muy responsable de la información.

Hay algo que los colegios valoran especialmente: poder registrar de forma centralizada los casos de estudiantes que no pueden estar juntos. Esos casos sensibles que antes vivían en la memoria de alguien, en un correo perdido, o en una conversación que solo dos personas tuvieron. Ahora quedan claros, documentados, visibles para todo el equipo que participa del proceso.

La función permite visualizar distintas configuraciones posibles antes de tomar la decisión final. No reemplaza el criterio profesional (jamás), pero lo apoya con información clara, ordenada y trazable.

Lo que nos cuentan los colegios

Los equipos que ya han utilizado esta función nos repiten tres cosas constantemente.

Primero: el proceso se vuelve mucho más transparente. Ya no depende de la memoria heroica de una persona ni de archivos que solo alguien entiende. Si alguien del equipo necesita comprender por qué se tomó una decisión, puede revisarla.

Segundo: se reduce esa tensión tan conocida de “¿se me estará olvidando algo?”. Cuando la información está ordenada y visible, es mucho más difícil que algo importante se escape. Y eso quita un peso enorme.

Tercero: mejora la comunicación interna. El equipo académico, el de convivencia y la dirección trabajan sobre la misma información, al mismo tiempo. Se acaban los “yo pensé que tú habías considerado eso”.

Pero hubo algo más que nos dijeron, y que no esperábamos al principio: cuando existe un sistema externo que ordena y documenta el proceso, disminuye la presión de las familias.

¿Por qué? Porque el colegio puede mostrar que hubo un proceso, que se consideraron múltiples variables, y que las decisiones no fueron arbitrarias. Eso genera confianza. Y cuando las familias confían en el proceso, los equipos pueden trabajar con mayor tranquilidad.

Una oportunidad concreta para colegios en México

Hoy estamos lanzando esta función en México, justo cuando muchos colegios inician el segundo semestre. Creemos que hay una oportunidad real acá.

No es necesario esperar a fin de año. Si hay cursos que no funcionaron como se esperaba durante el primer semestre, es posible trabajar en un proceso bien estructurado (incluso desde mitad de año) para pensar cambios de cara al siguiente ciclo.

Nuestra experiencia en Chile y Perú lo confirma: cuando los colegios se toman en serio el armado de salones, los resultados se notan rápido. Mejor clima de aula, menos conflictos, estudiantes más conectados con su grupo, y equipos que duermen más tranquilos.

Por qué esto importa

El armado de salones no es un trámite administrativo más. Es una decisión estructural que impacta directamente en la convivencia, el aprendizaje y la experiencia escolar de estudiantes y familias durante todo el año.

Hemos visto grupos que funcionan increíblemente bien y otros que se transforman en un dolor de cabeza para todos. Muchas veces la diferencia no está en los estudiantes, sino en cómo se armó ese grupo desde el inicio.

En BRAVE UP! seguimos convencidos de algo: los colegios pueden tomar decisiones complejas con mucha más tranquilidad cuando cuentan con las herramientas adecuadas. No se trata de automatizar por automatizar, sino de darles a los equipos más tiempo y más claridad para hacer lo que mejor saben hacer: cuidar y educar.

Si algo de lo que contamos acá te resuena, o si simplemente quieres conversar sobre cómo enfrentan este proceso en tu colegio, escríbenos. Mientras más experiencias compartan con nosotros, mejor podremos seguir aprendiendo y mejorando las soluciones que desarrollamos.

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